{"id":7974,"date":"1996-02-20T09:36:27","date_gmt":"1996-02-20T14:36:27","guid":{"rendered":"https:\/\/www.archspm.org\/the-sacrament-of-penance-gift-to-the-church\/"},"modified":"1996-02-20T09:36:27","modified_gmt":"1996-02-20T14:36:27","slug":"the-sacrament-of-penance-gift-to-the-church","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.archspm.org\/es\/the-sacrament-of-penance-gift-to-the-church\/","title":{"rendered":"El sacramento de la Penitencia - Don a la Iglesia"},"content":{"rendered":"<p><em>Por el Reverend\u00edsimo Harry J. Flynn<br \/>\nArzobispo em\u00e9rito<\/em><br \/>\n<em>Archidi\u00f3cesis de Saint Paul y Minneapolis<\/em><\/p>\n<p>Mientras reflexionaba sobre el poder del perd\u00f3n en nuestras vidas, record\u00e9 una historia real relacionada con el obispo James Walsh, MM. El obispo Walsh sirvi\u00f3 al pueblo chino durante muchos a\u00f1os, pero despu\u00e9s de que el gobierno se volviera comunista, fue condenado por traici\u00f3n. Sentenciado a varios a\u00f1os de prisi\u00f3n, cumpli\u00f3 su condena en r\u00e9gimen de aislamiento. No ten\u00eda nada que leer. No se le permit\u00eda celebrar misa. No pod\u00eda tener un rosario. No se le permit\u00eda comunicarse con nadie. Incluso cuando lo sacaban de su celda para hacer un poco de ejercicio en el patio de la prisi\u00f3n, a su guardia no se le permit\u00eda hablar con \u00e9l. \u00bfSe imaginan la gran tensi\u00f3n que esto debi\u00f3 suponer para una persona con una mente tan creativa, tan decidida a hacer el bien por la Iglesia? \u00bfSe imaginan lo que debi\u00f3 ser estar sentado en una celda, d\u00eda tras d\u00eda, sin ninguna actividad, sin nada que leer, sin el consuelo del Oficio Divino, sin las Escrituras, sin la libertad de celebrar la Santa Misa, con nada m\u00e1s que la presencia del Se\u00f1or vivo en su coraz\u00f3n?.<\/p>\n<p>Finalmente, el obispo Walsh fue liberado. Se celebraron muchas fiestas tras su regreso a Estados Unidos. Nosotros organizamos una de ellas en el Mount Saint Mary\u2019s College de Emmitsburg, Maryland, donde \u00e9l hab\u00eda estudiado. Nunca olvidar\u00e9 la escena en la que James Walsh se present\u00f3 ante el p\u00fablico y dijo: \u201cEn mi coraz\u00f3n solo hay amor por el pueblo chino. Volver\u00eda con ellos ma\u00f1ana mismo y pasar\u00eda el resto de mi vida sirvi\u00e9ndoles si me lo permitieran\u201d. Cuando sali\u00f3 del sal\u00f3n esa noche, la gente no dejaba de agarrarle del brazo y de las manos. Quer\u00edan mantenerlo entre ellos, quer\u00edan estar lo m\u00e1s cerca posible de \u00e9l debido al perd\u00f3n que hab\u00edan presenciado en \u00e9l. En el obispo Walsh, esas personas reconocieron intuitivamente el perd\u00f3n de Dios para cada uno de nosotros, a trav\u00e9s del cual \u00c9l nos ofrece convertirnos, sanarnos y transformarnos.<\/p>\n<p>El Nuevo Testamento est\u00e1 lleno de historias que revelan la hermosa relaci\u00f3n entre Jesucristo y el pecador. Jes\u00fas siempre buscaba a los pecadores; parec\u00eda sentir la necesidad de encontrarlos, de relacionarse con ellos: \u201cMientras cenaba en aquella casa, sucedi\u00f3 que varios publicanos y pecadores vinieron a sentarse a la mesa con Jes\u00fas y sus disc\u00edpulos\u201d. Los fariseos vieron esto. Se quedaron asombrados. Se escandalizaron. Y dijeron a los disc\u00edpulos: \u201c\u00bfPor qu\u00e9 se sienta vuestro maestro con recaudadores de impuestos y pecadores?\u201d. Cuando Jes\u00fas oy\u00f3 esto, respondi\u00f3: \u201cNo son los sanos los que necesitan al m\u00e9dico, sino los enfermos. Id y aprended el significado de las palabras: \u2018Lo que quiero es misericordia, no sacrificio\u2019. Y, en efecto, no he venido a llamar a los virtuosos, sino a los pecadores\u201d. (Mateo 9:10-13)<\/p>\n<p>Cuando le llevaron al paral\u00edtico, la primera respuesta de Jes\u00fas fue: \u2019Hijo m\u00edo, tus pecados te son perdonados\u201c (Marcos 2:5). Si recuerdas esta historia, recordar\u00e1s que el paral\u00edtico realmente ped\u00eda una cura, no perd\u00f3n; quer\u00eda volver a caminar y volver a correr. Para Jes\u00fas, sin embargo, primero hab\u00eda que ofrecerle el perd\u00f3n. Solo entonces dijo: \u201dLev\u00e1ntate, toma tu camilla y anda\u201c. (Marcos 2, 11). Cuando le tra\u00edan a los enfermos, Jes\u00fas los curaba, pero eran a los pecadores a quienes buscaba incansablemente. Se hizo amigo de los publicanos, las prostitutas y los recaudadores de impuestos. Com\u00eda con ellos y estaba presente para ellos.<\/p>\n<p>Es reconfortante saber cu\u00e1nto ama Jes\u00fas a los pecadores, porque en realidad todos somos pecadores, \u00bfno es as\u00ed? He contado una peque\u00f1a an\u00e9cdota en toda la Arquidi\u00f3cesis en muchas ocasiones. Cuando era obispo en Luisiana, visit\u00e9 una escuela en St. Martinville. Al comenzar la misa, pregunt\u00e9: \u201cNi\u00f1os, \u00bfsomos todos pecadores?\u201d. Ellos respondieron con gran vehemencia: \u201c\u00a1S\u00ed, obispo!\u201d. Entonces les pregunt\u00e9: \u201c\u00bfEs el obispo un pecador?\u201d, a lo que respondieron: \u201cNo, obispo\u201d. Finalmente les pregunt\u00e9: \u201c\u00bfEs su p\u00e1rroco un pecador?\u201d. Respondieron: \u201cS\u00ed, obispo\u201d. Es una historia divertida, pero tambi\u00e9n me brind\u00f3 una maravillosa oportunidad para explicarles a los ni\u00f1os que yo tambi\u00e9n soy un pecador. Todos somos pecadores, cada uno de nosotros, y antes de que Nuestro Se\u00f1or pueda curarnos, debemos admitir esa verdad. As\u00ed como un m\u00e9dico no puede sanar a un paciente que se niega a admitir que est\u00e1 enfermo, as\u00ed nosotros solo podemos ser salvos con la condici\u00f3n de que confesemos nuestra necesidad de ser salvos. Quien se considera sin pecado se coloca fuera de la esfera de influencia de Cristo. \u201cSi decimos que no tenemos pecado, nos enga\u00f1amos a nosotros mismos y negamos la verdad. Decir que nunca hemos pecado es llamar mentiroso a Dios y demostrar que su palabra no est\u00e1 en nosotros\u201d (1 Juan 1:8, 10).<\/p>\n<p>Sin embargo, el pecado implica m\u00e1s que un acto puramente personal. Cada vez que peco, interfiero con la presencia y la acci\u00f3n de Dios dentro de la comunidad de creyentes de la que formo parte. Me alejo de Dios y me a\u00edslo de esa comunidad. Como resultado, el acto de reconciliaci\u00f3n con Dios debe involucrar tanto a m\u00ed mismo como a la comunidad para que sea aut\u00e9nticamente humano y verdaderamente liberador. Adem\u00e1s de reconocer la culpa en mi propio coraz\u00f3n, tambi\u00e9n necesito manifestar esta admisi\u00f3n a trav\u00e9s de alguna expresi\u00f3n personal de arrepentimiento y conversi\u00f3n. En el mismo momento en que digo la verdad de mi pecaminosidad, vuelvo a formar parte de la comunidad eclesial que fue herida por mi pecado.<br \/>\nLa forma habitual de experimentar esta reconciliaci\u00f3n con Dios es a trav\u00e9s del hermoso sacramento de la Penitencia. Como explica el Nuevo Catecismo: Quienes se acercan al sacramento de la Penitencia obtienen, por la misericordia de Dios, el perd\u00f3n de la ofensa cometida contra \u00c9l y, al mismo tiempo, se reconcilian con la Iglesia, a la que han herido con sus pecados y que, con caridad, ejemplo y oraci\u00f3n, trabaja por su conversi\u00f3n. (p. 357)<\/p>\n<p>Sin embargo, en los \u00faltimos a\u00f1os ha habido cierta confusi\u00f3n sobre este sacramento, nacida casi de una negaci\u00f3n del pecado. P\u00edo XII dijo en 1940: \u201cEl pecado del siglo es la p\u00e9rdida del sentido del pecado\u201d. Palabras prof\u00e9ticas, sin duda. M\u00e1s recientemente, el papa Juan Pablo II nos ha recordado que \u201csi hemos perdido el sentido de Dios es porque hemos perdido el sentido del pecado\u201d. Esto parece confirmar la idea de que toda herej\u00eda es la venganza de una verdad olvidada. Quien no reconoce su pecado niega la necesidad de un Redentor, ya que Cristo vino a redimirnos de nuestro pecado. No dejemos de reconocer la verdad sobre el pecado en nuestras vidas, incluso cuando encontramos esperanza en la verdad sobre el sacramento de la penitencia, que es una parte tan importante de nuestra tradici\u00f3n cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>Se han utilizado diversos t\u00e9rminos para describir este sacramento.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ul>\n<li>Se llama Sacramento de la Conversi\u00f3n porque hace sacramentalmente presente la llamada de Jes\u00fas a la conversi\u00f3n, el primer paso para volver al Padre, del que uno se ha alejado por el pecado.<\/li>\n<li>Se llama Sacramento de la Penitencia, ya que consagra los pasos personales y eclesi\u00e1sticos de conversi\u00f3n, penitencia y satisfacci\u00f3n del cristiano pecador.<br \/>\nSe denomina \u201cSacramento de la Confesi\u00f3n\u201d, ya que la revelaci\u00f3n o confesi\u00f3n de los pecados ante un sacerdote es un elemento esencial de este sacramento. En un sentido profundo, es tambi\u00e9n una \u00abconfesi\u00f3n\u00bb \u2014reconocimiento y alabanza\u2014 de la santidad de Dios y de su misericordia hacia los seres humanos pecadores.<br \/>\nSe llama Sacramento del Perd\u00f3n, ya que mediante la absoluci\u00f3n sacramental del sacerdote, Dios concede al penitente \u201cel perd\u00f3n y la paz\u201d.\u201d<\/li>\n<li>Se llama Sacramento de la Reconciliaci\u00f3n porque infunde al pecador la vida de Dios, que reconcilia: \u201cReconcili\u00e1os con Dios\u201d (2 Cor 5, 20). Quien vive del amor misericordioso de Dios est\u00e1 dispuesto a responder a la llamada del Se\u00f1or: \u201cVe primero y reconcil\u00edate con tu hermano\u201d (Mt 5, 24).<\/li>\n<\/ul>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El 31 de mayo de 1988 realic\u00e9 mi primera visita oficial a Roma junto con los obispos de Luisiana. En aquella ocasi\u00f3n, nuestro Santo Padre nos dijo:<\/p>\n<p><em>En<\/em><em>\u00a0<\/em><em>El sacramento de la penitencia est\u00e1 en crisis... El sacramento de la confesi\u00f3n est\u00e1, de hecho, siendo socavado. Estas afirmaciones no son expresiones negativas de pesimismo ni motivos de alarma; son m\u00e1s bien expresiones de un realismo pastoral que requiere una reflexi\u00f3n, una planificaci\u00f3n y una acci\u00f3n pastorales positivas. En algo tan sagrado como este sacramento, los esfuerzos espor\u00e1dicos no son suficientes para superar la crisis. Por esta raz\u00f3n, hoy les pido a ustedes y, a trav\u00e9s de ustedes, a todos los obispos de los Estados Unidos, una planificaci\u00f3n pastoral org\u00e1nica en cada di\u00f3cesis para restaurar el sacramento de la penitencia a su lugar leg\u00edtimo en la Iglesia y renovar su uso en plena conformidad con la intenci\u00f3n de Cristo.<\/em><\/p>\n<p>Un aspecto fundamental de este proceso de renovaci\u00f3n es la obligaci\u00f3n de los p\u00e1rrocos de facilitar a los fieles la pr\u00e1ctica de la confesi\u00f3n integral e individual de los pecados, lo cual constituye para ellos no solo un deber, sino tambi\u00e9n un derecho inalienable y digno de admiraci\u00f3n, adem\u00e1s de ser algo necesario para el alma.<\/p>\n<p>Qu\u00e9 sentido tiene, entonces, experimentar el hermoso sacramento de la penitencia. Cada uno de nosotros es pecador y cada uno de nosotros necesita perd\u00f3n. Qu\u00e9 cosa tan misteriosa hace Dios en este hermoso sacramento. Hace sentir su presencia perdonadora de una manera concreta y tangible, permitiendo que un pecador \u2014el sacerdote\u2014 perdone los pecados de otro en nombre de Cristo y de la Iglesia. Nos pide que hagamos presente su amor permiti\u00e9ndonos ser perdonados por otro. En realidad, es toda la Iglesia la que perdona, porque es toda la Iglesia la que se ve ofendida por el pecado. En las palabras de la absoluci\u00f3n:<\/p>\n<p><em>Dios, Padre misericordioso, mediante la muerte y resurrecci\u00f3n de su Hijo, ha reconciliado al mundo consigo mismo. \u00c9l envi\u00f3 al Esp\u00edritu Santo entre nosotros para el perd\u00f3n de los pecados. Por medio del ministerio de la Iglesia, que Dios te conceda el perd\u00f3n y la paz, y yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp\u00edritu Santo. Am\u00e9n.<\/em><\/p>\n<p>Son palabras poderosas. Dichas a quien acaba de reconocer su propio pecado, traen consigo un perd\u00f3n poderoso de parte de Dios. Son palabras liberadoras, pronunciadas con la autoridad de la Iglesia, que traen perd\u00f3n y paz.<\/p>\n<p>Hace algunos a\u00f1os, un sacerdote psic\u00f3logo y amigo m\u00edo asist\u00eda a un taller de psicolog\u00eda en la ciudad de Nueva York. En un debate sobre la Iglesia Cat\u00f3lica Romana, uno de los participantes afirm\u00f3 que, en su opini\u00f3n, la Iglesia Cat\u00f3lica impon\u00eda un sentimiento de culpa a quienes se confesaban. Mi amigo, que no era conocido como sacerdote por los dem\u00e1s participantes del seminario, se ofreci\u00f3 a llevar el Rito de la Reconciliaci\u00f3n a la siguiente clase. Cuando tuvieron la oportunidad de leer esta oraci\u00f3n, se sorprendieron por el poder liberador de sus palabras. Al darse cuenta de que a quienes experimentaban la reconciliaci\u00f3n se les dec\u00edan estas hermosas palabras de perd\u00f3n con la autoridad de la Iglesia, reconocieron que se trataba de un acto extraordinario de buena psicolog\u00eda. En otras palabras, sus antiguos prejuicios se desvanecieron ante este hermoso sacramento.<\/p>\n<p>Al animarlos a reconocer su quebrantamiento, el quinto paso del programa de los 12 pasos lleva a las personas hacia la liberaci\u00f3n de la adicci\u00f3n y el quebrantamiento. Jesucristo, tambi\u00e9n, busc\u00f3 provocar una revoluci\u00f3n en lo m\u00e1s profundo de cada persona, donde existe la posibilidad de bloquear el amor de Dios. Al igual que ese quinto paso, \u00e9l quiere que dejemos que Dios reine en nosotros, que nos demos cuenta de nuestro vac\u00edo y de nuestra completa dependencia de Dios. Jes\u00fas nunca menospreciar\u00eda al pecador, sino que lo perdonar\u00eda: \u201c\u00bfNadie te ha condenado? Nadie, se\u00f1or. Tampoco yo te condeno; vete y, de ahora en adelante, no peques m\u00e1s\u2018 (Juan 8:10-11). Esto es muy t\u00edpico de Jesucristo. \u00c9l acepta al pecador tal como es. No hay condena. Solo hay perd\u00f3n.<\/p>\n<p>El sacramento de la penitencia me ayuda profundamente a afrontar la verdad del pecado en mi vida. Al expresar mis pecados y comenzar el proceso de conversi\u00f3n, recibo a trav\u00e9s de la Iglesia el perd\u00f3n de Dios, un perd\u00f3n mucho m\u00e1s profundo que cualquier perd\u00f3n meramente humano. Porque cuando Dios perdona, hay transformaci\u00f3n, hay conversi\u00f3n, hay nueva vida.<\/p>\n<p>En este momento, deseo animar a nuestros sacerdotes y a nuestro pueblo a renovar el uso de este maravilloso sacramento, especialmente durante este tiempo santo de Cuaresma. Exhorto a todos mis hermanos sacerdotes a que aumenten su propia devoci\u00f3n por este sacramento. En este ministerio que la Iglesia nos ha confiado, colaboramos estrechamente con el Salvador en la obra de la conversi\u00f3n. Dediqu\u00e9monos a ello con un celo cada vez mayor. El papa Pablo VI nos record\u00f3 que \u201cotras obras, por falta de tiempo, pueden tener que posponerse o incluso abandonarse en nuestro ministerio, pero no el confesionario\u201d.\u201d<\/p>\n<p>El Rito del Sacramento de la Penitencia ofrece tres formas para su celebraci\u00f3n. Cada forma, a su manera, tiene como objetivo fomentar una aut\u00e9ntica experiencia de conversi\u00f3n y perd\u00f3n. Para aclarar la ense\u00f1anza de la Iglesia sobre estas tres formas, me gustar\u00eda reflexionar brevemente sobre cada una de ellas:<\/p>\n<p>La Forma I es la m\u00e1s conocida, en la que el sacerdote celebra los diversos elementos del sacramento con un solo penitente. Al brindar la oportunidad de un intercambio personalizado, la Forma I ofrece una mayor flexibilidad y puede adaptarse a las necesidades individuales. Todos los fieles de esta Arquidi\u00f3cesis deben tener la oportunidad de celebrar esta forma del Sacramento de la Penitencia de manera regular, ya sea cara a cara o, si lo desean, detr\u00e1s de un biombo. Pido que se publiquen en cada una de nuestras parroquias los horarios en que estar\u00e1 disponible.<\/p>\n<p>En la Forma II, varios de los elementos del sacramento se celebran en un contexto comunitario. Los fieles escuchan juntos la Palabra de Dios, que proclama la misericordia divina y los invita a la conversi\u00f3n; juntos examinan la conformidad de sus vidas con esa Palabra de Dios y se ayudan mutuamente a trav\u00e9s de la oraci\u00f3n com\u00fan. A continuaci\u00f3n, cada penitente se acerca a uno de los sacerdotes presentes para que le confiese. Tras la confesi\u00f3n personal y la absoluci\u00f3n individual, todos se unen para alabar a Dios por el maravilloso don del perd\u00f3n. Dado que la Forma II contiene un cuidadoso equilibrio entre los elementos comunitarios y personales, el Nuevo Catecismo la recomienda, afirmando que \u201cexpresa m\u00e1s claramente el car\u00e1cter eclesial de la penitencia\u201d. El uso de esta forma es especialmente apropiado durante el Adviento y la Cuaresma.<\/p>\n<p>La Forma III es una celebraci\u00f3n totalmente comunitaria que recurre a la confesi\u00f3n general y a la absoluci\u00f3n general. Constituye una forma leg\u00edtima de reconciliaci\u00f3n sacramental cuando se dan las condiciones especificadas; esta opci\u00f3n se ofrece para que los fieles no se vean privados innecesariamente de la gracia de este sacramento. Seg\u00fan el derecho can\u00f3nico, la absoluci\u00f3n general puede concederse en casos de \u201cgrave necesidad\u201d, como el peligro inminente de muerte de varias personas al mismo tiempo. \u201cTambi\u00e9n puede existir una grave necesidad cuando, dado el n\u00famero de penitentes, no hay suficientes confesores para escuchar adecuadamente las confesiones individuales en un tiempo razonable, de modo que los penitentes, sin culpa alguna por su parte, se ver\u00edan privados de la gracia sacramental o de la Santa Comuni\u00f3n durante mucho tiempo\u201d. (Catecismo, p. 372) Seg\u00fan la Conferencia de Obispos Cat\u00f3licos, un mes constituye el \u201clargo tiempo\u201d durante el cual los penitentes se ver\u00edan privados de la gracia sacramental o de la Sagrada Comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>La decisi\u00f3n sobre si se dan las condiciones necesarias para la absoluci\u00f3n general corresponde exclusivamente al obispo diocesano. Cuando se utilice la Forma III, el sacerdote que preside deber\u00e1 recordar tambi\u00e9n a los fieles que, para que la recepci\u00f3n de la absoluci\u00f3n sacramental general sea v\u00e1lida, no solo deben estar debidamente dispuestos, sino que tambi\u00e9n deben comprometerse a confesar cada pecado grave a un sacerdote la pr\u00f3xima vez que reciban el sacramento.<\/p>\n<p>La confesi\u00f3n individual e integral y la absoluci\u00f3n siguen siendo la \u00fanica forma ordinaria para que los fieles se reconcilien con Dios y con la Iglesia, a menos que una imposibilidad f\u00edsica o moral les exima de este tipo de confesi\u00f3n. Hay razones profundas para ello. En el sacramento, Cristo se dirige personalmente a cada pecador; \u00e9l es el m\u00e9dico que atiende a cada enfermo que necesita su toque sanador, devolvi\u00e9ndole una vez m\u00e1s a una vida plena y saludable dentro de la comunidad de fe. La confesi\u00f3n personal es, por lo tanto, la forma que expresa m\u00e1s plenamente nuestra reconciliaci\u00f3n con Dios y con la Iglesia.<\/p>\n<p>A los ni\u00f1os tambi\u00e9n se les debe ofrecer la oportunidad de experimentar el maravilloso don del perd\u00f3n desde una edad temprana. Qu\u00e9 momento tan propicio para el aprendizaje y tan sagrado es la primera recepci\u00f3n de este sacramento para los ni\u00f1os de nuestras parroquias. La experiencia de la Iglesia ha demostrado la importancia y el valor pastoral de que los ni\u00f1os vivan la expresi\u00f3n sacramental de la conversi\u00f3n antes de recibir el Cuerpo y la Sangre de Jes\u00fas por primera vez.<\/p>\n<p>A medida que nos acercamos al a\u00f1o 2000, debemos proclamar con mayor eficacia la plenitud de la misericordia de Cristo y ofrecer al mundo la esperanza que solo se encuentra en un Salvador amoroso y misericordioso. Para lograrlo, estamos llamados a hacer todo lo posible por promover el sacramento de la misericordia y el perd\u00f3n, de acuerdo con el Concilio Vaticano II, las normas lit\u00fargicas pertinentes de la Iglesia, el C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico y las conclusiones del S\u00ednodo de 1983, tal como se formulan en la exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica sobre la reconciliaci\u00f3n y la penitencia.<\/p>\n<p>As\u00ed como la gente quer\u00eda acercarse al obispo Walsh porque estaba lleno de perd\u00f3n, todos nosotros queremos acercarnos lo m\u00e1s posible a Dios para poder experimentar su perd\u00f3n. Ese don de un Padre amoroso nos llega a trav\u00e9s de Jesucristo, a trav\u00e9s del ministerio sacramental de la Iglesia y a trav\u00e9s de este sacerdote en particular cuando nos dice las palabras del perd\u00f3n. Entonces experimentamos el perd\u00f3n en nuestros corazones, y ese perd\u00f3n es muy, muy real, al igual que nuestra conversi\u00f3n.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por el reverend\u00edsimo Harry J. Flynn,<br \/>\nArzobispo em\u00e9rito,<br \/>\nArquidi\u00f3cesis de Saint Paul y Minneapolis: Al reflexionar sobre el poder del perd\u00f3n en nuestras vidas, me vino a la mente una historia real relacionada con el obispo James Walsh, MM. El obispo Walsh sirvi\u00f3 al pueblo chino durante muchos a\u00f1os, pero tras la instauraci\u00f3n del r\u00e9gimen comunista, fue condenado por traici\u00f3n.<\/p>","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[134],"tags":[],"class_list":["post-7974","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-pastoral-letters"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.archspm.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7974","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.archspm.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.archspm.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.archspm.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.archspm.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7974"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.archspm.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7974\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.archspm.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7974"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.archspm.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7974"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.archspm.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7974"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}