Vía Crucis - Primera estación: Jesús es condenado a muerte

Vía Crucis - Primera estación: Jesús es condenado a muerte

¡Dios mío!, el mundo sigue juzgándote. No deja de preguntarse quién eres y por qué planteas las exigencias que planteas. Se pregunta una y otra vez: «Si eres el Hijo de Dios, ¿por qué permites que el mundo esté en el estado en que se encuentra? ¿Por qué guardas tanto silencio?».

Aunque la arrogancia del mundo me enfurece, debo admitir que, en silencio, en lo más profundo de mi alma, yo también me planteo estas preguntas. Tu humildad me frustra y me hace sentir incómodo. Tu fortaleza ante Pilato, mientras bebías profundamente del poder del Padre, me da la respuesta a mi pregunta: la voluntad del Padre. El Padre permite muchos sufrimientos en mi vida, pero todo es para mi bien. Ojalá yo también pudiera permanecer en silencio ante la prudencia mundana; firme en la fe cuando todo parece perdido; tranquilo cuando me acusan injustamente; libre de la tiranía del respeto humano; dispuesto a hacer la voluntad del Padre, sin importar cuán difícil sea.

Jesús silencioso, danos todas las gracias que necesitamos para mantenernos firmes ante el escarnio del mundo. Da a los pobres la fuerza para no sucumbir a sus privaciones, sino para ser siempre conscientes de su dignidad como hijos de Dios. Haz que no nos dobleguemos ante la enfermedad paralizante de la gloria mundana, sino que estemos dispuestos a privarnos de todas las cosas antes que perder Tu amistad. Mi Jesús, aunque se nos acuse a diario de ser necios, que la visión de la dignidad silenciosa frente a la monstruosa injusticia nos dé a todos el valor para ser tus seguidores.

Amén

 

©2012 EWTN. Utilizado con permiso.
 

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