¿Qué significa tener una conciencia bien formada?

¿Qué significa tener una conciencia bien formada?

La formación de una buena conciencia es otro elemento fundamental de la enseñanza moral cristiana. “La conciencia es un juicio de la razón por el cual la persona humana reconoce el valor moral de un acto concreto” (CIC, n.º 1796). “El hombre tiene en su corazón una ley inscrita por Dios... Su conciencia es el núcleo más secreto del hombre y su santuario” (GS, n.º 16).

La conciencia representa tanto la capacidad más general que tenemos como seres humanos para discernir lo que es bueno y justo, como los juicios concretos que emitimos en situaciones particulares sobre lo que debemos hacer o sobre lo que ya hemos hecho. Las elecciones morales nos enfrentan a la decisión de seguir o apartarnos de la razón y de la ley divina. Una buena conciencia emite juicios que se ajustan a la razón y al bien querido por la Sabiduría de Dios. Una buena conciencia requiere una formación permanente. Cada seguidor bautizado de Cristo está obligado a formar su conciencia de acuerdo con normas morales objetivas. La Palabra de Dios es una herramienta principal en la formación de la conciencia cuando se asimila mediante el estudio, la oración y la práctica. Los consejos prudentes y el buen ejemplo de los demás apoyan e iluminan nuestra conciencia. La enseñanza autorizada de la Iglesia es un elemento esencial en nuestra formación de la conciencia. Por último, los dones del Espíritu Santo, combinados con el examen regular de nuestra conciencia, nos ayudarán a desarrollar una conciencia moralmente sensible.

Dado que nuestra conciencia es ese santuario interior en el que escuchamos la voz de Dios, debemos recordar distinguir entre nuestro yo subjetivo y lo que es objetivamente verdadero fuera de nosotros mismos. Podemos estar subjetivamente equivocados sobre algo que es objetivamente cierto. En el plano objetivo, si nuestra conciencia es “correcta”, entonces no hay error entre lo que se percibe internamente como cierto y la verdad misma. Si hay una conciencia incorrecta, eso significa que la conciencia es errónea en su visión de la verdad.

En el plano subjetivo, podemos tener una conciencia “certera”, lo que significa que creemos que nuestra conciencia concuerda con lo que es objetivamente verdadero. Una persona puede tener una conciencia “certera” en el plano subjetivo, pero “incorrecta” en el plano objetivo. Por ejemplo, una persona cree que el Miércoles de Ceniza es un día de precepto y, aun así, decide no asistir a la misa. La persona piensa que es un día de precepto (cierto subjetivamente, pero incorrecto objetivamente) y actúa en consecuencia. Esta persona tiene una conciencia cierta, pero incorrecta. Pero como la conciencia actuó en contra de lo que percibía como objetivamente bueno, la conciencia decide pecar.

Hay algunas reglas que hay que seguir al obedecer a la propia conciencia. En primer lugar, hay que seguir siempre una conciencia segura. En segundo lugar, si es posible, hay que corregir una conciencia errónea. Tercero, no actúes con una conciencia dudosa. Debemos obedecer siempre los juicios seguros de nuestra conciencia, siendo conscientes de que nuestra conciencia puede estar equivocada, de que puede equivocarse sobre lo que es verdaderamente bueno o lo que es correcto hacer. Esto puede deberse a la ignorancia, en la que, sin culpa alguna por nuestra parte, no teníamos todo lo necesario para emitir un juicio correcto.

Sin embargo, también debemos reconocer que la ignorancia y los errores no siempre están exentos de culpa, por ejemplo, cuando no hemos buscado con ahínco lo necesario para formar correctamente nuestra conciencia. Puesto que tenemos la obligación de obedecer a nuestra conciencia, también tenemos la gran responsabilidad de velar por que se forme de manera que refleje el verdadero bien moral.

Gracias a la fidelidad a la conciencia, los cristianos se unen a los demás hombres en la búsqueda de la verdad y de la solución adecuada a los numerosos problemas morales que surgen tanto en la vida de las personas como en las relaciones sociales. Por eso, cuanto más prevalece una conciencia recta, tanto más se apartan las personas y los grupos de las decisiones ciegas y tratan de dejarse guiar por los criterios objetivos de la conducta moral. (GS, n.º 16)

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