Consagración a María
Oh María, Virgen todopoderosa y Madre de misericordia, Reina del Cielo y Refugio de los pecadores, nos consagramos a tu Inmaculado Corazón.
Te consagramos nuestro ser y toda nuestra vida; todo lo que tenemos, todo lo que amamos, todo lo que somos. A ti te entregamos nuestros cuerpos, nuestros corazones y nuestras almas; a ti te entregamos nuestros hogares, nuestras familias, nuestro país.
Deseamos que todo lo que hay en nosotros y a nuestro alrededor te pertenezca, y que participe de los beneficios de tu bendición maternal. Y para que este acto de consagración sea verdaderamente eficaz y duradero, renovamos hoy a tus pies las promesas de nuestro Bautismo y de nuestra Primera Comunión.
Nos comprometemos a profesar con valentía y en todo momento las verdades de nuestra santa fe, y a vivir como corresponde a los católicos que se someten debidamente a todas las indicaciones del Papa y de los obispos en comunión con él.
Nos comprometemos a cumplir los mandamientos de Dios y de su Iglesia, en particular a santificar el día del Señor.
Asimismo, nos comprometemos a hacer que las prácticas consoladoras de la religión cristiana, y sobre todo la Sagrada Comunión, formen parte integral de nuestras vidas, en la medida de nuestras posibilidades.
Por último, te prometemos, oh gloriosa Madre de Dios y amorosa Madre de los hombres, dedicarnos de todo corazón al servicio de tu bendito culto, a fin de acelerar y asegurar, por medio de la soberanía de tu Inmaculado Corazón, la llegada del reino del Sagrado Corazón de tu adorable Hijo, en nuestros corazones y en los de todos los hombres, en nuestro país y en todo el mundo, así en el cielo como en la tierra.
Amén.
©2012 EWTN. Utilizado con permiso.
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