Letanía de la humildad
¡Oh, Jesús, manso y humilde de corazón, escúchame!.
De el deseo de ser apreciado,
Líbrame, Jesús.
Del deseo de ser amado…
Por el deseo de ser alabado…
Por el deseo de ser honrado…
Por el deseo de ser elogiado…
Del deseo de ser preferido a los demás…
Por el deseo de que se le consulte…
Por el deseo de ser aceptado…
Por miedo a que me humillen…
De el miedo a ser despreciado…
Por miedo a recibir reprimendas…
Por miedo a ser calumniado…
Por miedo a ser olvidado…
Por miedo a que se burlen de mí…
Por miedo a que me hagan daño…
Por miedo a que sospechen de mí…
Para que otros sean más queridos que yo,
Jesús, concédeme la gracia de desearlo.
Para que otros sean más estimados que yo…
Eso, en opinión del mundo,
puede que otros crezcan y yo disminuya…
Para que otros sean elegidos y yo quede descartado…
Que otros sean alabados y yo pase desapercibido…
Que los demás sean preferidos a mí en todo…
Que los demás sean más santos que yo, siempre y cuando yo llegue a ser tan santo como debo serlo…
—Rafael Cardenal Merry del Val (1865-1930), secretario de Estado del papa San Pío X
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