Vía Crucis - Cuarta estación: Jesús encuentra a su madre afligida

Vía Crucis - Cuarta estación: Jesús encuentra a su madre afligida

¡Dios mío!, fue un gran dolor darme cuenta de que Tu sufrimiento le causó tanto dolor a María. Como Redentor, Tú querías que ella compartiera Tu dolor por la humanidad. Cuando se miraron el uno al otro en medio de un sufrimiento indescriptible, ¿qué les dio a ambos el valor para seguir adelante sin el menor alivio, sin sentir ira ante tal injusticia?

Parece como si hubieras querido sufrir todos los dolores posibles para darme un ejemplo de cómo sufrir cuando llegue mi hora. ¡Qué humillación para Ti cuando Tu madre Te vio en un estado tan lamentable —débil, indefenso, a merced de hombres pecadores—, la santidad expuesta al mal en toda su fealdad!.

¿Acaso cada instante de ese breve encuentro te pareció una eternidad? Al ver tanto sufrimiento en el mundo, hay momentos en que pienso que todo es desesperanzador. Hay un cierto desánimo en mis oraciones por la humanidad que me dice: “Rezaré, pero ¿de qué servirá? Los enfermos se ponen cada vez más enfermos y los hambrientos mueren de hambre”. “ Pienso en esa mirada entre Tú y María —la mirada que decía: ”Entreguemos esta miseria al Padre por la salvación de las almas. El poder del Padre toma nuestro dolor y nuestra frustración y renueva las almas, las salva para una nueva vida —una vida de alegría eterna, de felicidad eterna. Todo esto vale la pena». Da perseverancia a los enfermos para que puedan llevar la cruz de la frustración y la agonía con amor y resignación por la salvación de los demás.

Amén

 

©2012 EWTN. Utilizado con permiso.

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