Vía Crucis - Tercera estación: Jesús cae por primera vez
Mi Jesús, me parece que, como Dios, hubieras llevado tu cruz sin vacilar, pero no lo hiciste. Caíste bajo su peso para mostrarme que comprendes cuando yo caigo. ¿Es el orgullo lo que me hace querer brillar incluso en medio del dolor? No te avergonzaste de caer, de admitir que la cruz era pesada. Hay personas en el mundo a quienes mi orgullo no tolera, pues espero que todos sean fuertes, mientras que yo soy débil. Me da vergüenza admitir el fracaso en cualquier cosa.
Si el Padre permite el fracaso en mi vida, tal como te permitió a ti caer, entonces debo saber que hay algo bueno en ese fracaso que mi mente nunca podrá comprender. No debo fijarme en las miradas de los demás cuando se posan sobre mí en mis caídas. Más bien, debo alzar la mano para tocar esa mano invisible y beber de esa fuerza invisible que siempre está a mi lado.
Jesús misericordioso, ayuda a todos aquellos que se esfuerzan por ser buenos, pero cuya naturaleza se opone constantemente a que caminen con la cabeza en alto por el estrecho camino de la vida. Haz que alcen la vista para contemplar la gloria que está por venir, en lugar de la miseria del momento presente.
Tu amor por mí te dio fuerzas para levantarte tras tu caída. Mira a todos aquellos a quienes el mundo considera siervos inútiles y dales el valor para preocuparse más por cómo se presentan ante Ti que por sus semejantes.
Amén
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