Palabra semanal del arzobispo: Qué significa para nosotros un Dios trino

Juntos en el camino: Palabras semanales del Arzobispo Hebda

Hoy les escribo desde la soleada San Diego, donde los obispos de Estados Unidos se han reunido para un retiro trienal. Casi sin excepción, todos los obispos con los que me he encontrado han hablado de sus oraciones por nuestro estado tras los trágicos tiroteos de este fin de semana. Sin duda, se están rezando muchas oraciones por las familias Hortman y Hoffman, no solo en toda nuestra arquidiócesis, sino en todo el país. Hay un maravilloso sentido de solidaridad que nos une como Iglesia y como comunidad, especialmente en momentos de tan gran tragedia. Como sin duda comprendió nuestro patrón San Pablo, todo el cuerpo siente el dolor cuando una parte de él sufre.

El hecho de que estos acontecimientos tuvieran lugar el fin de semana en que nuestra Iglesia celebraba el Domingo de la Trinidad nos ofrece un contexto especialmente rico para la reflexión. A medida que crece nuestra comprensión del hecho revelado de que nuestro único Dios es en realidad tres personas —Padre, Hijo y Espíritu Santo— que viven siempre en comunión amorosa entre sí, también profundizamos en nuestra comprensión de que nosotros también, habiendo sido creados a imagen de Dios (Génesis 1:27), debemos estar hechos para la comunión amorosa.

No es casualidad que nuestra fe católica nos una en comunión. La fuente y la cumbre de nuestra vida, la Eucaristía, nos llama a reunirnos como comunidad para alabar a Dios. Nuestro bautismo en Cristo nos une necesariamente a su Cuerpo en la tierra, la Iglesia. Por designio de Dios, nuestro amor por Él nos exige amar también a nuestro prójimo. Como reconoció Adán cuando fue creada Eva, no es bueno que estemos solos. Solo en las relaciones, como en la familia, crecemos y maduramos, y llegamos a reconocer los dones que Dios nos ha dado para edificar su Cuerpo. Sospecho que por eso el Señor envió a los apóstoles de dos en dos y por eso siempre nos trae los colaboradores que necesitamos para nuestra labor en su viña.

La violencia sin sentido que se extendió por toda nuestra comunidad el pasado fin de semana es una perturbación de la comunión que Dios desea. Como personas de fe, debemos erradicar de nuestros corazones todo aquello que nos lleve a la enemistad o que oscurezca la dignidad de cada vida humana. El difunto papa Francisco señaló acertadamente que somos hermanos todos—hermanos y hermanas todos—llamados a trabajar en solidaridad por el bien común. Los acontecimientos de este fin de semana deben llevarnos a orar por todos los que trabajan para promover el bien común, ya sean personas como la presidenta emerita Hortman y el senador Hoffman, que ocupan cargos electos, o los agentes del orden que arriesgan sus vidas para protegernos, o los profesionales médicos que se esfuerzan por llevar la salud a quienes necesitan curación. Que nuestro Dios Trino —Padre, Hijo y Espíritu Santo— los bendiga abundantemente.


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