No es raro que la gente pregunte si las cosas se calman en la arquidiócesis durante el verano. Espero que ese sea el caso este año para nuestros sacerdotes, quienes han estado sirviendo tan generosamente durante la primera mitad de este año. La Cuaresma, la Pascua y un flujo constante de primeras comuniones, confirmaciones y graduaciones pueden ser agotadores para nuestros párrocos. Y, sin embargo, pude percibir una gran alegría entre ellos cuando nos reunimos la semana pasada para nuestro encuentro de verano en San José, en Rosemount. Siempre estoy agradecido por la fraternidad sacerdotal.