Ayer por la noche celebré nuestra Misa Anual de Solidaridad Arquidiocesana, que este año se llevó a cabo en la Catedral de San Pablo. Cada año nos reunimos, a petición del Papa, para conmemorar la Jornada Mundial de los Migrantes y Refugiados. Esta celebración anual es siempre una de mis favoritas, llena de música y lecturas en varios idiomas, danza, trajes típicos y una sensación de la hermosa diversidad que, como corresponde, existe dentro de nuestra Iglesia (después de todo, “católico” significa “universal”).