Vía Crucis - Sexta estación: La Verónica enjuga el rostro de Jesús

Vía Crucis - Sexta estación: La Verónica enjuga el rostro de Jesús

Mi Jesús, ¿dónde estaban todos los cientos de personas cuyos cuerpos y almas fueron sanados por ti? ¿Dónde estaban cuando necesitabas que alguien te diera la más mínima señal de consuelo? La ingratitud debió de haber oprimido tu corazón y hecho que la cruz fuera casi imposible de llevar. Hay momentos en los que yo también siento que todos mis esfuerzos por tu Reino son inútiles y terminan en la nada. ¿Recorrieron tus ojos la multitud en busca del consuelo de una sola persona, una señal de compasión, una señal de dolor?

Mi corazón se emociona con una triste alegría cuando pienso en una mujer que, liberándose del miedo y del respeto humano, te ofreció su fino velo para limpiar tu rostro ensangrentado. ¡Tu corazón amoroso, siempre atento a la más mínima señal de amor, imprimió en él la imagen de tu rostro desgarrado! ¿Cómo puedes olvidarte de ti mismo tan completamente y recompensar un acto de bondad tan pequeño?

Debo admitir que he sido de los que temían conocerte, a diferencia de Verónica. A ella no le importaba que todo el mundo supiera que te amaba. Jesús, con el corazón roto, dame esa cualidad del alma tan necesaria para dar testimonio y difundir tu Palabra, para decir a todas las personas que las amas. Envía a muchos a tu viña para que los pueblos de todas las naciones puedan recibir la Buena Nueva. Imprime tu imagen divina en mi alma y haz que el fino velo de mi naturaleza humana sea un reflejo perfecto de tu Espíritu amoroso.

Amén

 

©2012 EWTN. Utilizado con permiso.

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