Del arzobispo Bernard A. Hebda y el obispo Andrew H. Cozzens
Nos sumamos a los líderes de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos, tanto para expresar nuestra frustración y decepción ante la decisión del Gobierno de poner fin al programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), como para prometer nuestro apoyo en la oración a nuestros hermanos y hermanas que puedan verse afectados negativamente por esta medida. Al mismo tiempo, hacemos un llamado a quienes nos representan en el Congreso para que actúen rápidamente con el fin de encontrar una solución legislativa que repare nuestro sistema migratorio defectuoso y permita a estos “soñadores” permanecer en los Estados Unidos, el país que es su hogar.
Los aproximadamente 800 000 jóvenes que se han beneficiado del programa DACA llegaron a este país cuando eran niños. No fueron ellos quienes decidieron cruzar la frontera sin documentos; otros tomaron esa decisión por ellos. Viven en nuestros barrios, acuden a misa con nosotros los domingos, asisten a nuestras escuelas, pagan impuestos y defienden nuestra nación. Muchos ya están ejerciendo generosamente su liderazgo en nuestras parroquias, curias y seminarios, y desempeñan un papel clave en la labor de la Iglesia en los Estados Unidos al atender a personas de muchos idiomas y culturas. Nos ayudan a todos a “soñar”. Nuestra Iglesia y nuestra sociedad se verían debilitadas sin ellos.
Invitamos a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a unirse a nosotros en oración, no solo por los jóvenes de nuestras comunidades que están sintiendo ansiedad y temor a raíz de la noticia de la suspensión de este programa, sino también por nuestros representantes electos, para que sean bendecidos con la sabiduría y la prudencia necesarias para abordar estas importantes cuestiones de una manera justa y humana, que refleje quiénes somos como estadounidenses.
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