Juntos en el camino: Palabras semanales del Arzobispo Hebda

No hay palabra más poderosa que la de Jesús mismo, el Verbo encarnado. San Juan comienza su Evangelio con una reflexión sobre este misterio: “En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios”. San Juan continúa explicando cómo “por medio de él, todas las cosas fueron hechas”. El Catecismo expone esta idea afirmando que “a través de todas las palabras de la Sagrada Escritura, Dios pronuncia una sola Palabra, su única Expresión, en la que se manifiesta completamente” (CIC, 102).
En la Anunciación, el Verbo se hizo verdaderamente carne y comenzó a habitar entre nosotros. Ese Verbo exigía, y sigue exigiendo, una respuesta.
Cuando María respondió dando su consentimiento al ángel Gabriel, el mundo entero pudo vislumbrar su amorosa y confiada sumisión a la voluntad de Dios, a Su palabra. “Hágase en mí según tu palabra”. Desde el momento de la Encarnación, Jesús, el Verbo, es el único centro de la misión de María. Al igual que en las bodas de Caná, María nos muestra, con sus propias palabras y su ejemplo, las bendiciones que recibimos cuando “hacemos lo que Él nos dice”.
La Cuaresma es un tiempo para reflexionar sobre cómo respondemos a la Palabra de Dios. ¿Con qué generosidad respondemos a la llamada que el Señor nos dirige de manera única a cada uno de nosotros? ¿Nuestras palabras se hacen eco del despojo de Jesús y de la obediencia de María, o más bien hieren a los demás? ¿Somos fieles a nuestra palabra? ¿Somos conscientes del impacto que pueden tener nuestras palabras?
Mañana, mientras la Iglesia reflexiona sobre el Verbo hecho carne, tal vez también podamos reflexionar sobre nuestras propias palabras y cómo podemos utilizarlas para edificarnos unos a otros y para responder, cuando nuestro Señor nos llame, de la misma manera que nuestra Santísima Madre, “según tu palabra”.”
Mientras tanto, agradezcamos al Señor por las muchas formas en que nos da a conocer su voluntad. Hoy lo tengo especialmente presente, al celebrar el noveno aniversario del anuncio de mi nombramiento como arzobispo de Saint Paul y Minneapolis. Siempre estaré agradecido al papa Francisco por este nombramiento y por darme a conocer la voluntad del Señor. Al celebrar la Anunciación, únanse a mí en la oración para que pueda responder con la fidelidad y la humildad de María, y para que pueda elegir mis palabras con sabiduría y acierto, de manera que edifiquen a esta Iglesia local.
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