Palabra semanal del Arzobispo: Nuestra identidad está enraizada en Dios

Juntos en el camino: Palabras semanales del Arzobispo Hebda

A menudo me resulta interesante conocer la historia que hay detrás de ciertos nombres. He escuchado muchas historias de padres en bautizos sobre cómo sus hijos recibieron el nombre de un ser querido de la familia o de un santo patrón. En mi propia familia, “Bernard” era uno de esos nombres, ya que era el mismo que tenía mi padre. Ayudó el hecho de que fuera aceptable tanto para la parte irlandesa como para la polaca de la familia. Me gustó aún más el nombre cuando supe que significaba “audaz como un oso” (aunque mi madre decía que la audacia se refería a mis modales en la mesa).

La fiesta de los Arcángeles que celebramos hoy nos brinda una oportunidad única para reflexionar sobre cómo los nombres pueden reflejar nuestra identidad, como es el caso de cada uno de los arcángeles. Observarán que los tres nombres terminan en “El”, una de las palabras hebreas para referirse a Dios. En hebreo, Miguel significa “¿Quién como Dios?”, un himno que se escucha en la batalla de San Miguel contra el mal. En cuanto al arcángel Gabriel, su nombre en hebreo significa “la fuerza de Dios”, una designación perfecta para el mensajero divino que recordaría a María en la Anunciación que “nada será imposible para Dios” (Lc 1, 37). Por último, el nombre Rafael en hebreo habla de la curación de Dios y está relacionado con el papel curativo del arcángel Rafael en el Libro de Tobías. ¡Ojalá todos pudiéramos tener identidades arraigadas en “El”!

El nombre de nuestro Salvador también revela mucho sobre él. El nombre “Jesús” significa “Yahvé (Dios) salva”, una descripción perfecta para el Mesías. Recordarás que a menudo se le llama Emmanuel, otro de esos nombres que empiezan por “El”, que significa “Dios con nosotros”. Esos nombres reflejan perfectamente cómo Jesús, como Segunda Persona de la Santísima Trinidad, es “Dios con nosotros” en virtud de su Encarnación y su presencia permanente entre nosotros en la Eucaristía, mientras que “Jesús” siempre nos recuerda la misión salvífica que cumplió a través de su cruz y resurrección. Por cierto, “Cristo” no es su apellido, sino una palabra griega que nos recuerda que Jesús es el “ungido”, lo que confirma su condición de Mesías.

Para Jesús y los arcángeles, sus nombres revelan cómo el núcleo de su identidad —lo que más los define— es quiénes son en relación con Dios. Eso también es cierto para nosotros. Independientemente del nombre que se nos haya dado o heredado, de los rasgos que podamos tener o de cualquier otra asociación que podamos hacer, lo que nos define por encima de todo es nuestra identidad en relación con Dios, quien nos creó a cada uno de nosotros a su imagen y semejanza.

Les animo a que permitan que esta verdad eche raíces en su corazón y moldee la imagen que tienen de sí mismos y de quienes les rodean, unidos como hijos e hijas amados de nuestro Señor.

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