Palabra semanal del Arzobispo: Signos tangibles de esperanza

Juntos en el camino: Palabras semanales del Arzobispo Hebda

Me alegró mucho que tantos de ustedes se unieran a mí el fin de semana del Domingo de la Sagrada Familia para la inauguración arquidiocesana del Año Jubilar 2025. El Papa Francisco ya había inaugurado el año en la víspera de Navidad, abriendo la puerta santa en la Basílica de San Pedro en Roma y otra en la prisión más grande de Roma, y ordenó que todos los obispos diocesanos del mundo estuvieran en su catedral (y concatedral) el fin de semana del 29 de diciembre para inaugurar el año a nivel local y animar a sus fieles a acoger este año de gracia extraordinaria. Las celebraciones en nuestra catedral y basílica (que técnicamente es una concatedral) fueron ambas grandiosas.

Aunque el concepto de jubileo se remonta a tiempos bíblicos, los Años Jubilares oficiales solo forman parte de la vida de la Iglesia católica desde que el papa Bonifacio VIII declarara el primero en 1300. Hoy en día suelen celebrarse cada 25 años. Como trabajaba en Roma en el año 2000, recuerdo el último jubileo con gran nitidez. Parecía que todos los días había celebraciones frente a la ventana de mi oficina. Nunca olvidaré las multitudes de jóvenes que vinieron a Roma ese año jubilar para la Jornada Mundial de la Juventud, pero creo que mis celebraciones favoritas fueron los jubileos para pizzaiolos (pizzeros) y para quienes se dedican a la producción de prosciutto.

Mis recuerdos del jubileo de 1975, sin embargo, son algo más vagos. Aunque la decoración de nuestra casa era bastante minimalista, sí recuerdo que mis padres hicieron una excepción y colgaron en nuestro salón un recuerdo del jubileo de 1975 que habían traído mi peluquero y su esposa, quienes habían viajado a Roma para esa ocasión y habían logrado atravesar las puertas santas de las cuatro basílicas principales. Mis padres lo describieron como un “grand slam espiritual” y siempre sentí que éramos bendecidos por vivir tan cerca de los santos.

Dado que los años jubilares suelen celebrarse solo una vez cada 25 años, no es de extrañar que la celebración de este año ya esté dando mucho que hablar. En estas primeras semanas, más de 500 000 fieles han cruzado ya la Puerta Santa de San Pedro y se espera que miles de peregrinos sigan sus pasos a lo largo del año jubilar. Cruzar la puerta no es solo una forma de que los peregrinos obtengan un indulgencia, sino también una señal visible de que se comprometen a seguir a Cristo, aquel que dijo: “El que entre por mí será salvo, y entrará y saldrá, y hallará pastos” (Juan 10:9).

El papa Francisco ha calificado la experiencia de este año como un Jubileo de la Esperanza. En la bula papal que declaró oficialmente este Año Jubilar, el papa Francisco destacó las reconfortantes palabras de san Pablo a los romanos: “La esperanza no defrauda” (Rom 5, 5). El Santo Padre continuó explicando que “la esperanza reside en el deseo y la expectativa de cosas buenas por venir, a pesar de que no sabemos lo que nos deparará el futuro” (La esperanza no defrauda, 1). Más adelante en ese mismo documento, el papa Francisco destacó que la esperanza en lo que está por venir “nos permite seguir adelante en la vida”. Les animo a que lean las inspiradoras palabras del Papa.

La esperanza es un don propiamente cristiano. El padre Wilfrid Stinissen lo describe muy bien en su libro, La eternidad en medio del tiempo: “La esperanza cristiana es una mezcla divina de ‘ya’ y ‘todavía no’” (p. 54). El “ya” es el sacrificio único de Cristo por nuestra salvación; el “todavía no” es nuestro futuro: cómo “con fe firme esperamos la ‘bendita esperanza y la gloriosa venida de nuestro gran Dios y Salvador, Jesucristo’” (Lumen Gentium, 48).

Aunque una peregrinación a Roma es sin duda una forma muy significativa de participar, el Papa Francisco también ha señalado otras formas de hacerlo. Podemos obtener una indulgencia del Año Jubilar, por ejemplo, realizando una peregrinación local a nuestra basílica o catedral y dedicando un tiempo a la oración allí, especialmente ante las cruces especiales que se encontrarán en los santuarios de esas dos iglesias a lo largo de este Año Jubilar. Alternativamente, el Papa Francisco ha indicado que también podemos obtener una indulgencia jubilar al comprometernos con esa intención en una obra de misericordia o un acto de penitencia, ya que “durante el Año Santo, estamos llamados a ser signos tangibles de esperanza para aquellos de nuestros hermanos y hermanas que experimentan dificultades de cualquier tipo” (La esperanza no defrauda, 10). Mencionó en particular la labor de acercamiento a los inmigrantes, a las personas mayores, a los jóvenes y a los reclusos. Tenemos tantas oportunidades para llevar a cabo esas obras de misericordia aquí mismo, en nuestra Arquidiócesis, sobre todo al pensar en formas de apoyar a los necesitados de nuestras comunidades o incluso a quienes se han visto tan gravemente afectados por los mortíferos incendios de California.

En todos los casos mencionados anteriormente se aplican las condiciones habituales para obtener la indulgencia plenaria: debemos alejarnos del pecado y hacer una buena confesión sacramental, recibir la Sagrada Comunión y rezar una oración por la intención del Santo Padre (tradicionalmente se reza un «Padre Nuestro» y un «Ave María»).

Mi deseo es que este Año Jubilar sea un momento para que todos reflexionemos y compartamos el motivo de nuestra esperanza (1 Pe 3, 15). En particular, mi deseo para ustedes se refleja en el Oración del Jubileo que compuso el papa Francisco: “Que la gracia del Jubileo despierte en nosotros, peregrinos de la esperanza, el anhelo por los tesoros del cielo”.”


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