A medida que el año litúrgico llega a su fin, la Iglesia centra su atención cada año en las “cuatro últimas cosas”: la muerte, el juicio, el cielo y el infierno. Todo ello contribuye a preparar el escenario para la celebración de Cristo Rey, el último domingo del año litúrgico, en el que reconocemos que Jesús tiene la autoridad suprema, muy por encima de cualquier poder terrenal.