Del reverendísimo Bernard A. Hebda, administrador apostólico de la Arquidiócesis de Saint Paul y Minneapolis.
Queridos hermanos y hermanas en Cristo
Me siento honrado por la decisión del papa Francisco de nombrarme administrador apostólico de la Arquidiócesis de San Pablo y Minneapolis. Agradezco su confianza y espero con interés trabajar con el obispo auxiliar Andrew Cozzens y los dirigentes de la Arquidiócesis. Rezo para poder serles de utilidad a ustedes, los sacerdotes y fieles de la Arquidiócesis, mientras se preparan para el nombramiento de un nuevo arzobispo.
Recordando con cariño mis años como obispo en el norte de Michigan, donde conocí por primera vez la vitalidad de la fe compartida por los católicos del norte del Medio Oeste, espero tener la oportunidad de conocer a muchos de ustedes en las próximas semanas. Consciente del reto que el papa Francisco ha planteado a los obispos de ser verdaderos pastores que caminan en medio del rebaño hasta el punto de desarrollar ’oídos abiertos para escuchar la voz de las ovejas confiadas a su cuidado“, es mi intención estar lo más disponible posible, sin dejar de cumplir con mis responsabilidades como arzobispo coadjutor de Newark. Mientras la Iglesia universal se prepara para embarcarse en un Año de la Misericordia, espero con interés conocer esta Iglesia local y experimentar en un nuevo contexto las maravillosas formas en que el Señor obra a través de su pueblo para dar a conocer y sentir su gracia y su presencia sanadora, incluso en los momentos más difíciles.
Nuestro Dios amoroso encuentra con frecuencia maneras de recordarnos que incluso aquellos que ejercen el liderazgo en la Iglesia lo hacen como obreros y no como el Maestro Constructor: la Iglesia no es nuestra, sino de Cristo. Si bien es cierto que solo somos administradores por un tiempo en una viña que no es nuestra, el papel de un Administrador Apostólico es particularmente temporal. La ley de la Iglesia nos recuerda que un administrador no debe introducir cambios, sino facilitar la continuación fluida de las actividades ordinarias y esenciales de la Iglesia, al tiempo que promueve aquellas iniciativas positivas con las que la Arquidiócesis ya está comprometida. Espero poder ser fiel a esa visión, de modo que cuando se nombre a un nuevo arzobispo, encuentre en esta Iglesia local una comunidad vibrante de discípulos misioneros que crece en su conocimiento del amor de Jesús y en su compromiso compartido con el Evangelio.
Para que esto suceda, soy consciente de que necesitaré las oraciones y el apoyo de ustedes, los sacerdotes, diáconos, religiosos y laicos de la Arquidiócesis. En este momento de transición, únanse a mí para pedir la intercesión de Nuestra Señora de la Misericordia. Que ella no solo pida las bendiciones de Dios para aquellos que se han entregado al servicio de esta Iglesia local en el pasado, sino que también nos acerque cada vez más al Corazón de su Hijo para que podamos irradiar más perfectamente su amor sanador en los días venideros.
Sinceramente en Cristo,
Reverendísimo Bernard A. Hebda
Administrador Apostólico
Archidiócesis de Saint Paul y Minneapolis
Leer un Declaración del arzobispo Nienstedt sobre el futuro de la Arquidiócesis de San Pablo y Minneapolis.
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