La siguiente columna apareciĂ³ en la ediciĂ³n del 20 de noviembre de 2014 de El espĂritu catĂ³lico.
"Por tanto, no os afanĂ©is por el dĂa de mañana, porque el dĂa de mañana se afanarĂ¡ por sĂ mismo. BĂ¡state con la propia aflicciĂ³n del dĂa" (Mateo 6:34).
Estas palabras de JesĂºs me vienen a la mente cuando me siento a escribir esta columna. Nuestra Iglesia local y nuestra CorporaciĂ³n de CancillerĂa, en particular, han conocido "problemas" significativos durante el año pasado. Ese "problema" continĂºa hoy con la desalentadora informaciĂ³n financiera publicada en este nĂºmero de El espĂritu catĂ³lico.
Desgraciadamente, hemos sufrido una serie de golpes financieros que han provocado un grave dĂ©ficit en nuestro balance final. AdemĂ¡s, en tiempos de bonanza econĂ³mica, nuestros gastos de personal y otros gastos aumentaron sustancialmente en apoyo de la misiĂ³n de nuestra Iglesia. Como consecuencia, hemos tenido que recortar gastos. Lo mĂ¡s angustioso es la evidente necesidad de reducir el tamaño de nuestra plantilla y la pĂ©rdida de miembros valiosos del personal. Todo mi personal trabaja con gran dedicaciĂ³n y por salarios modestos para servir a Cristo y a su Iglesia. Tras años de duro trabajo para promover la misiĂ³n de esta ArchidiĂ³cesis, estos despidos me entristecen enormemente. Pido a nuestros lectores que tengan presente en sus oraciones a estas buenas personas.
He pasado incontables horas y varias noches sin dormir tratando de analizar la situaciĂ³n actual y encontrar la mejor resoluciĂ³n a nuestro alcance. Estoy agradecido a los dedicados asesores que tengo en nuestro personal, asĂ como a los profesionales y altamente competentes miembros del Consejo Financiero de la ArchidiĂ³cesis que han trabajado estrechamente conmigo. Lamento sinceramente y pido disculpas por el dolor que esto ha causado a los demĂ¡s. OjalĂ¡ hubiera habido una forma menos hiriente de resolver la situaciĂ³n.
Como usted sabe, el trabajo de la Iglesia se lleva a cabo principalmente en las parroquias, escuelas parroquiales y otras instituciones catĂ³licas por sacerdotes, religiosos y otros ministros. Todas estas organizaciones son entidades legales separadas con sus propios presupuestos. Tenga la seguridad de que la situaciĂ³n financiera de la Archdiocesan Chancery Corporation no afecta directamente a las parroquias u otras instituciones catĂ³licas. Por lo tanto, de ninguna manera debe disminuir las muchas buenas obras que menciono en mi columna regular de hoy.
Estoy decidido a que los ministerios y servicios esenciales que presta la CorporaciĂ³n de la CancillerĂa continĂºen y a que nos esforcemos por minimizar el impacto de los recortes en nuestro pueblo catĂ³lico y en la comunidad en general.
TambiĂ©n debo admitir que el camino que tenemos por delante ofrece "problemas" propios. SĂ³lo hemos resuelto dos de los casos judiciales relacionados con abusos sexuales de clĂ©rigos a menores. Hay 20 juicios mĂ¡s que estĂ¡n programados. TodavĂa queda año y medio para que se abra la ventana creada en mayo de 2013, levantando la Ley de PrescripciĂ³n. No tenemos ni idea de cuĂ¡ntas demandas judiciales mĂ¡s pueden presentarse contra nosotros en el tiempo que queda.
Hemos adoptado la polĂtica de "las vĂctimas/sobrevivientes primero", lo que significa que tomamos las decisiones pensando en su justicia. No queremos que todos nuestros recursos se gasten en litigios, lo que podrĂa ocurrir fĂ¡cilmente. Tenemos que asegurarnos de que todas las vĂctimas/sobrevivientes reciben una compensaciĂ³n adecuada.
Pido a nuestros lectores que recen por mĂ y por mi equipo de la ChancillerĂa, para que en los prĂ³ximos meses tengamos la sabidurĂa y la fuerza necesarias para resolver los graves "problemas" a los que nos enfrentamos, de modo que podamos ser una fuente de esperanza ante todos los que nos confrontan.
Leemos en el segundo capĂtulo del EclesiĂ¡stico:
"Hijo mĂo, cuando vengas a servir al Señor, prepĂ¡rate para las pruebas. SĂ© sincero de corazĂ³n y firme, imperturbable en tiempo de adversidad. AfĂ©rrate a Ă©l, no lo abandones; asĂ serĂ¡ grande tu futuro. Acepta lo que te suceda, en la desgracia aplastante sĂ© paciente. Porque en el fuego se prueba el oro, y los hombres dignos en el crisol de la humillaciĂ³n. ConfĂa en Dios y Ă©l te ayudarĂ¡, endereza tus caminos y espera en Ă©l".
De hecho, hay mucho consuelo en estos consejos. Tomemos a pecho estas palabras, sabiendo que el Señor estarĂ¡ siempre presente para ayudarnos.
¡Que Dios te bendiga!