[vc_row][vc_column width=”5/6″][vc_column_text]
[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=”1/6″][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Del Arzobispo Bernard A. Hebda
En circunstancias normales, los católicos están obligados a participar en la misa los domingos y otros días festivos de precepto. Esta obligación se suspende en casos de imposibilidad moral o física, y también puede dispensarse por una causa justa cuando sea por el bien espiritual de los fieles. Además, la Iglesia también tiene la obligación de proteger a los más vulnerables y a quienes cuidan de los enfermos.
Debido al creciente número de casos confirmados de COVID-19/coronavirus en la Arquidiócesis de Saint Paul y Minneapolis, considero prudente dispensar a todos los católicos del territorio de esta Arquidiócesis de la obligación de asistir a la misa dominical, hasta nuevo aviso. Si los fieles deciden que reunirse para la misa dominical constituiría un riesgo para ellos mismos o para otros, tienen la libertad de no asistir. Sin embargo, las misas seguirán celebrándose en nuestras parroquias según el horario habitual en este momento.
La misa nos permite encontrarnos con Jesús en la Eucaristía y fortalece la comunidad, por lo que no es una decisión que tome a la ligera. Incluso para aquellos que se quedan en casa, el domingo sigue siendo un día santo, y los católicos deben seguir observando el Día del Señor, por ejemplo, haciendo una “comunión espiritual” mientras ven la misa en línea, en la televisión o en la radio (retransmitida a las 11:00 a. m. en KSTC-TV/45 y a las 9:00 a. m. en Relevant Radio 1330am). Pueden rezar la Liturgia de las Horas, el rosario y otras devociones. También pueden decidir asistir a misa entre semana, cuando las congregaciones son más reducidas. Quienes asistan a misa en cualquier momento deben seguir minimizando el riesgo de contraer o propagar la infección. Para más detalles, véase archspm.org/covid19.
La propagación del nuevo coronavirus (COVID-19) supone un reto para todos, incluidos los católicos, pero también ofrece una oportunidad. La Cuaresma nos llama a una oración más ferviente, al ayuno y a la limosna. La situación médica actual nos invita especialmente a dirigir nuestros ejercicios espirituales en beneficio de los enfermos y de quienes los cuidan, incluidos los ministros de la Iglesia. Dado que la providencia de Dios permite esta prueba durante el tiempo sagrado de la Cuaresma, pido a todos los fieles que aumenten su oración, ayuno y limosna. Sabemos que la oración de la fe puede mover montañas.
En primer lugar, tal y como se hizo en Roma, les pido que se unan a mí en un día especial de ayuno, abstinencia y oración para invocar la ayuda de Dios en estos días difíciles para nuestra Arquidiócesis, nuestro país y el mundo. Este día tendrá lugar el próximo Miércoles, 18 de marzo de 2020, entre la fiesta de San Patricio (17 de marzo) y la solemnidad de San José (19 de marzo). Ese día, invito a los católicos que normalmente están obligados a observar el ayuno y la abstinencia el Miércoles de Ceniza a que hagan el mismo sacrificio el próximo miércoles.
En segundo lugar, animo a los fieles a que se dediquen a la oración adicional. Recomiendo encarecidamente rezar el rosario diario en familia o individualmente, pero también son adecuadas otras formas de oración y devoción. Desde los tiempos bíblicos hasta nuestros días, la historia confirma que cuando los fieles se unen en oración y ayuno, suceden cosas poderosas.
Por último, sigamos rezando por los enfermos y los moribundos, por quienes los cuidan (incluidos los sacerdotes y diáconos) y por quienes trabajan para minimizar el impacto del COVID-19. Recemos por nuestra propia protección y cuidado, por aquellos que temen a la muerte sin conocer el amor del Señor y por fortalecer nuestra esperanza en la vida eterna. Mantengamos también la calma y cuidemos de todos nuestros hermanos y hermanas necesitados: los de nuestras familias, los de nuestros vecindarios y los de todo el mundo. Cuando nos unimos por el bien común, podemos superar el miedo y afrontar con valentía los retos que nos depara el futuro.