Del arzobispo Bernard Hebda
Hoy tengo la triste responsabilidad de comunicar que el reverendo Mark Huberty ha sido apartado temporalmente del ministerio mientras se lleva a cabo un proceso canónico formal que se ha iniciado para investigar unas graves acusaciones que han llegado a conocimiento de la Arquidiócesis.
En 2013, el reverendo Huberty fue detenido y acusado de dos cargos de conducta sexual inapropiada con una mujer adulta. Desde entonces, el reverendo Huberty se encuentra de baja voluntaria. El pasado diciembre, un jurado del condado de Ramsey lo absolvió de esos cargos.
Durante la investigación penal y el proceso judicial, la Arquidiócesis cooperó con las autoridades civiles y no llevó a cabo su propia investigación para preservar la integridad de la investigación policial y la imparcialidad de los procedimientos judiciales, tal y como establece nuestro protocolo.
Desde la absolución, el caso del reverendo Huberty —que no implica abuso sexual de un menor— ha sido investigado por la Oficina de Normas Ministeriales y Entorno Seguro de la Arquidiócesis, y dicha investigación ha sido revisada por su director, el juez Tim O’Malley, y por la Junta de Revisión Ministerial (MRB), recientemente constituida. La MRB está compuesta por diez miembros laicos y dos sacerdotes, que cuentan con experiencia en abuso sexual, violencia doméstica, psicología, medicina, justicia penal, aplicación de la ley y campos relacionados.
La MRB determinó que existían pruebas suficientes que sugerían que el reverendo Huberty podría haber cometido una infracción grave según el derecho canónico y recomendó que cualquier cuestión de derecho o de hecho se resolviera mediante un proceso canónico, a fin de que se pudiera determinar la verdad del asunto y se pudiera imponer la sanción adecuada, en su caso. El juez O’Malley estuvo presente en todas las deliberaciones de la MRB, revisó el caso y se ha mostrado de acuerdo con la recomendación de la Junta.
Apartar a un sacerdote del ministerio, aunque sea temporalmente, es algo de gran gravedad tanto para mí como para la Iglesia. Sin embargo, a la luz de las pruebas y los testimonios de las personas involucradas, esta es la medida adecuada. Durante el proceso canónico, el reverendo Huberty tiene prohibido celebrar misa en presencia de laicos, escuchar confesiones, predicar, oficiar bodas o funerales, o desempeñar cualquier otro ministerio sacerdotal. No se le permite llevar el cuello romano ni presentarse públicamente como sacerdote. La imposición de estas medidas cautelares refleja la gravedad del asunto, pero no debe interpretarse como una presunción de culpabilidad. Durante este tiempo, se le debe conceder al reverendo Huberty la presunción de inocencia.
*Actualización: Desde el 18 de mayo de 2017, Mark Huberty ya no es sacerdote y ha dejado de ejercer el ministerio.