Fuente: Conferencia Episcopal de Estados Unidos
“Juntos, debemos alzar la voz en nombre de las ‘masas apiñadas que anhelan respirar en libertad’ y pedir a nuestro gobierno que brinde un trato justo y humano a nuestros queridos hermanos y hermanas inmigrantes”. En solidaridad con los inmigrantes, el reverendísimo Timothy P. Broglio, de la Arquidiócesis para los Servicios Militares de EE. UU. y presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de EE. UU. (USCCB), el obispo Mark J. Seitz, de El Paso y presidente del Comité de Migración de la USCCB, y el obispo Jaime Soto, de Sacramento y presidente de la junta directiva de la Red Católica de Asistencia Legal en Inmigración, Inc. (CLINIC), emitieron una declaración de preocupación pastoral.
Queridos hermanos y hermanas:,
Impulsados por el Evangelio de Jesucristo y reconociendo la dignidad inherente de cada persona como hijo de Dios, nos solidarizamos firmemente con nuestros hermanos y hermanas inmigrantes que viven y trabajan en los Estados Unidos.
Desde los inicios de nuestra nación, los inmigrantes han sido fundamentales para el crecimiento y la prosperidad de esta sociedad. Llegan a nuestras costas como extranjeros, atraídos por las promesas que ofrece esta tierra, y se convierten en estadounidenses. Siguen aportando seguridad alimentaria, servicios de salud y muchas otras habilidades esenciales que sustentan nuestra próspera nación.
Nuestro país merece un sistema de inmigración que ofrezca vías justas y generosas hacia la ciudadanía plena para los inmigrantes que llevan muchos años viviendo y trabajando dentro de nuestras fronteras.
Necesitamos un sistema que ofrezca una solución definitiva a los menores que llegan al país, ayude a las familias a permanecer unidas y acoja a los refugiados.
Esperamos que nuestro país pueda desarrollar un sistema de asilo eficaz para quienes huyen de la persecución y un sistema de inmigración que garantice la seguridad de nuestras fronteras, con políticas de control que se centren en quienes representan un riesgo y un peligro para la sociedad, en particular mediante iniciativas destinadas a reducir la actividad de las pandillas, frenar el flujo de drogas y poner fin a la trata de personas.
Estados Unidos debería contar con un sistema de inmigración que proteja a los migrantes vulnerables y a sus familias, muchos de los cuales ya han sido víctimas de delincuentes.
Juntos, debemos alzar la voz en nombre de las “masas apiñadas que anhelan respirar en libertad” y pedir a nuestro gobierno que brinde un trato justo y humano a nuestros queridos hermanos y hermanas inmigrantes. Esperamos y rezamos para que todos podamos trabajar juntos en apoyo de una reforma significativa de nuestro actual sistema de inmigración.