El arzobispo Hebda y el obispo Cozzens reflexionan sobre la Asamblea General de Otoño de la USCCB

Del arzobispo Bernard A. Hebda:

“Agradecí las sinceras discusiones que tuvieron lugar en las reuniones de la USCCB y lo que percibí como un consenso en que cada obispo debe rendir cuentas por sus actos y que la investigación y evaluación satisfactorias de cualquier acusación contra los obispos requerirían el liderazgo y la revisión de los laicos. No obstante, al igual que muchos de los obispos, me sentí frustrado por no haber podido tomar en este momento las medidas decisivas que la situación parece requerir. Confío en que los obispos aprovecharán bien el tiempo adicional de que disponemos ahora para perfeccionar nuestras propuestas”.”

Del obispo auxiliar Andrew H. Cozzens:

“Aunque la reunión ciertamente no logró lo que yo y muchos otros obispos esperábamos, quedaron claras muchas cosas positivas. La firme determinación que expresaron los obispos estadounidenses en su deseo de hacer algo concreto sobre la responsabilidad de los obispos es muy fuerte. Y hay un amplio apoyo a los principios sobre los que debemos hacerlo. Debe haber algún tipo de comisión laica para investigar y hacer recomendaciones sobre las acusaciones de conducta indebida contra los obispos. Además, el presidente de la conferencia ha creado un grupo de trabajo especial para empezar a trabajar en ello, en particular para preparar opciones concretas para los obispos a medida que avancemos. El trabajo sigue adelante, aunque no hayamos podido realizar una votación definitiva. Ahora también existe la posibilidad de contribuir al diálogo internacional, ya que el cardenal DiNardo se está preparando para la reunión de los presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo que se celebrará en febrero. Como sabemos por la experiencia pasada, cuando elaboramos la Carta para la Protección de los Jóvenes en 2002, al principio Roma se resistió a las ideas que contenía, pero finalmente vio su sabiduría y gran parte de la Carta se convirtió en ley para la Iglesia universal. Hay una gran esperanza de que esto vuelva a suceder, sobre todo porque la convicción de la necesidad es muy profunda entre los obispos de Estados Unidos. Estoy convencido de que no se darán por vencidos hasta que veamos el cambio cultural necesario. Esto se refleja en la declaración final del cardenal DiNardo, que vale la pena leer. Señala que ‘tomaremos las medidas más enérgicas posibles, lo antes posible’. La capacidad de estar juntos en medio de esta dificultad fue muy importante para fortalecer la determinación de los obispos con los que hablé”.”

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