Palabra semanal del Arzobispo: El ejemplo compasivo de la Madre Cabrini

Juntos en el camino: Palabras semanales del Arzobispo Hebda

La vida de los católicos en Estados Unidos cambió para siempre el día en que la Madre Francisca Javier Cabrini cruzó el océano Atlántico para comenzar su labor apostólica entre los inmigrantes italianos en la ciudad de Nueva York. Todavía resulta difícil imaginar cómo esta mujer inmigrante tuvo un impacto tan grande no solo en la Iglesia, sino también en el país.

Cuando los inmigrantes llegaron en masa a Estados Unidos en la década de 1880, muchos de ellos necesitaban ayuda para empezar, pero los recursos disponibles eran muy escasos. Cuando la Madre Cabrini llegó a Estados Unidos, lo único que tenía era el compromiso y el ejemplo de sus compañeras y una profunda confianza en la providencia de Dios. Las hermanas comenzaron abriendo un orfanato para inmigrantes italianos. No tardó mucho en correr la voz sobre su gran labor, y pronto la Madre y sus hermanas estaban abriendo hospitales, escuelas y orfanatos por todo Estados Unidos.

He sentido devoción por la Madre Cabrini, la primera ciudadana estadounidense en ser declarada santa, desde mis días en Manhattan a principios de los años 80. Me encantaba visitar su santuario. Esa devoción creció durante los años que serví en la Arquidiócesis de Newark, donde ella también tuvo una gran presencia apostólica. Aunque se la recuerda sobre todo como una intercesora incansable para los conductores de Manhattan (Madre Cabrini, no seas mala, ayúdame a encontrar un lugar para estacionar), es su perseverancia en la defensa de los inmigrantes lo que la convierte en una de mis grandes heroínas.

Nuestro Dios es tan bueno que, cuando las cosas parecen más desesperadas, envía a los santos, imitando a su hijo Jesús, para ayudar. En la época de la Madre Cabrini, los italianos y otros inmigrantes recientes se enfrentaban a una gran discriminación (como la mayoría de las comunidades de inmigrantes). No conocían el idioma, tenían dificultades para encontrar empleo y luchaban por alimentar a sus familias. El sueño americano que se les había prometido era difícil de alcanzar en esas circunstancias. Justo cuando la situación parecía más desesperada, la Madre Cabrini y sus hermanas entraron en escena. ¡Alabado sea Dios!

Hoy en día, los inmigrantes siguen buscando una vida mejor en Estados Unidos, muchas veces huyendo de la violencia o la opresión. La mejor manera de servir a estas hermanas y hermanos en la actualidad sigue siendo un tema muy debatido, pero lo que es innegociable para nosotros, como seguidores de Jesús, es que siempre debemos defender su dignidad y los derechos que Dios les ha otorgado. Les animo a leer estos Recursos de la Conferencia Católica de Minnesota, Oremos por los refugiados y los inmigrantes de nuestra Arquidiócesis, poblaciones a las que Santa Francisca Cabrini habría servido con alegría, y pensemos en cómo podríamos seguir más perfectamente su ejemplo de compasión. Santa Francisca Javier Cabrini, ruega por nosotros.


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