Queridas hermanas y hermanos en Cristo
Les escribo con una noticia importante y el corazón lleno de gratitud. Tras muchas oraciones, consultas y debates, los obispos católicos de Minnesota han anunciado hoy que la obligación de asistir a la misa dominical volverá a entrar en vigor el fin de semana del 3 y 4 de julio. Les animo a todos a leer el texto completo de la declaración de los obispos de Minnesota, que pueden encontrar aquí. Incluye los fundamentos de la decisión, la importancia de volver a asistir a misa y las posibles excepciones a la obligación dominical.
Muchos de ustedes me han contado con gran generosidad, a lo largo de los últimos 15 meses, lo difícil que ha sido la pandemia para ustedes, sus seres queridos, sus trabajos, sus parroquias, sus comunidades y más allá. Son tantos los que han perdido tanto, incluyendo a familiares y amigos. Les invito a que se unan a mí para recordar a quienes han fallecido y a aquellos entre nosotros que siguen llorando su pérdida.
Al mismo tiempo, muchos de ustedes han compartido historias de grandes sacrificios por parte de los trabajadores de la salud, los médicos y otras personas que arriesgaron su propia salud y seguridad para ayudar a los demás en medio de la pandemia. Estas mujeres y estos hombres siguen siendo un ejemplo de verdadera caridad y valentía, al pasar de atender a pacientes con COVID-19 a retomar sus funciones habituales en nuestras clínicas, hospitales, hogares de ancianos y otros centros de atención. Sé que mi aprecio por nuestras hermanas y hermanos de los servicios de salud y de emergencia no ha hecho más que crecer durante esta crisis. Estoy verdaderamente agradecido con ellos y con sus familiares, quienes también soportaron mayores riesgos para su salud y seguridad.
Mi agradecimiento se extiende también a todos los fieles de la Arquidiócesis de Saint Paul y Minneapolis. Algunos de ustedes han renunciado a asistir a la misa dominical y a las misas diarias durante más de un año para minimizar el riesgo para sus seres queridos con quienes viven —y a quienes, a menudo, cuidan— y para el personal de salud que tendría que atenderlos en caso de que se enfermaran. Han compartido conmigo la angustia que sintieron al no poder recibir a nuestro Señor en la Eucaristía. Afortunadamente, muchos otros han podido regresar de manera segura a la misa presencial desde finales del pasado mes de mayo, gracias a la diligencia y a los extraordinarios protocolos de coordinación y seguridad implementados por nuestros dedicados sacerdotes, el personal parroquial y los voluntarios. Estos mismos equipos también trabajaron de manera creativa, organizando misas en los estacionamientos e iniciando esfuerzos para hacer que la misa estuviera disponible a través de transmisiones en vivo y ministerios digitales. La generosidad de tantos ha mantenido nuestras parroquias abiertas y en funcionamiento, brindando apoyo y servicios a nuestras hermanas y hermanos que cuentan con ellas para recibir asistencia y acompañamiento espiritual, e incluso servicios sociales.
Sigo estando muy agradecido al personal de nuestra parroquia y de nuestra escuela. Su arduo trabajo y su flexibilidad ante unas circunstancias y directrices en constante cambio han hecho posible que la obra de Cristo continúe. Nuestros alumnos de la escuela católica y de educación religiosa han podido seguir aprendiendo —tanto de forma presencial como a distancia— a lo largo de todo el año. El personal de la parroquia ha respaldado los ministerios existentes y ha puesto en marcha otros nuevos, a menudo entre bastidores y sin apenas reconocimiento por su innovación y creatividad.
El arduo trabajo de nuestras parroquias y del personal escolar nos ha permitido reunirnos de manera segura a lo largo de este año. Esa seguridad no ha hecho más que aumentar, y vemos con gratitud tantas señales de que la pandemia está remitiendo. Ante estos avances positivos, quiero animar a quienes se han mantenido alejados a que regresen y celebremos juntos el culto. Sabemos que necesitamos la fuerza que nos dan los sacramentos para vivir nuestra vida cristiana, y sabemos que nuestras comunidades parroquiales no están completas sin ustedes.
Ahora que a principios de julio volvemos por completo a la misa dominical, les invito a unirse a mí en la oración por las almas de quienes han fallecido a causa de la COVID-19, por quienes los lloran y por el fin de la pandemia de COVID-19 en todo el mundo. Por favor, únanse también a mis oraciones de gratitud por los fieles de la Arquidiócesis y por aquellos que sirven a tantos en nuestras parroquias, escuelas y entidades católicas. Que reciban abundantes bendiciones divinas al regresar todos a la mesa del Señor.
Sinceramente en Cristo,
Reverendísimo Bernard A. Hebda
Arzobispo de San Pablo y Minneapolis