Del arzobispo Bernard Hebda
Queridas hermanas y hermanos en Cristo
¡Bendiciones de Pascua en nuestro Señor resucitado!
Gracias por apoyar a nuestras parroquias y escuelas católicas y por cuidar de los más necesitados en estos tiempos difíciles. He rezado mucho y con fervor por ustedes, especialmente durante la Semana Santa. Espero que hayan podido sumergirse en el espíritu de esos días, ya sea participando en el retiro virtual de la Arquidiócesis, en los eventos en línea de su parroquia o a través de su oración personal en casa.
Durante las últimas semanas, la situación provocada por el COVID-19 nos ha obligado a suspender la celebración de misas públicas en nuestras iglesias y a no organizar grandes reuniones en nuestras parroquias. Tal y como se refleja en la reciente prórroga de la orden de confinamiento en nuestro estado, la crisis exige que las medidas temporales que adoptamos sigan siendo necesarias para proteger el bien común. Por esa razón, las directivas arquidiocesanas actualmente en vigor (incluida la dispensa de la obligación de asistir a la misa dominical) permanecerán vigentes al menos hasta el 4 de mayo.
De cara al futuro, se han cancelado las ceremonias de Confirmación previstas para mayo y junio en la Catedral y la Basílica; se ha otorgado a los párrocos de las parroquias afectadas la facultad de celebrar la Confirmación en sus propias iglesias o de fijar una fecha posterior en la Catedral o la Basílica. Sin duda, nos sentiremos espiritualmente enriquecidos al ver que tantos de nuestros hermanos y hermanas más jóvenes eligen completar su iniciación en nuestra Iglesia.
Agradezco que tantos se hayan sentido libres de compartir conmigo sus emociones durante la pandemia: apoyo, tristeza, confusión, enojo. Algunos piensan que nuestras restricciones han ido demasiado lejos, otros que no lo suficiente. Hay muchas preguntas: ¿Por qué las iglesias no se consideran “servicios esenciales”? ¿Por qué la gente puede ir a una licorería, pero no se puede recibir la Sagrada Comunión? ¿Cómo podemos vivir nuestra fe en estas circunstancias? Estas preguntas reflejan que estamos sufriendo. Por favor, sepan que comprendo su dolor y me inspira su amor por los sacramentos, su parroquia y la Iglesia.
En medio de este dolor, sigo convencido de que las restricciones impuestas a las misas públicas y a la administración de algunos sacramentos son coherentes con nuestra fe. El Evangelio nos llama a respetar y defender la vida de nuestras familias, nuestros vecinos y, sobre todo, de los más vulnerables. Esto a veces exige sacrificar nuestros propios deseos por su bien. “No hay mayor amor que dar la vida por los amigos”, dijo Jesús la noche antes de morir. ¿Cómo podríamos nosotros, como sus discípulos, recibir los sacramentos sin pensar ni preocuparnos por la seguridad de los demás? La Eucaristía es la representación del propio sacrificio de Jesús, y Él nos manda seguir su ejemplo haciendo sacrificios en la forma en que vivimos nuestra fe y participamos de la vida sacramental de la Iglesia. ’Como yo he hecho, así también debéis hacer vosotros“.”
Por la gracia de Dios, parece que esos sacrificios están beneficiando a nuestra comunidad. Hasta ahora, los hospitales y los proveedores de atención médica de Minnesota han podido hacer frente al número de personas que necesitan atención médica vital. Aun así, las autoridades de salud pública afirman que las precauciones que se están tomando deben mantenerse en el futuro inmediato. Nuestra Arquidiócesis se solidariza con nuestros hermanos y hermanas de todo el país y del mundo entero, mientras nos esforzamos juntos por superar esta crisis de salud pública. Esperamos y rezamos para que las medidas que hemos tomado aquí mitiguen la pandemia y nos ayuden a volver a las interacciones públicas habituales, aunque pase algún tiempo antes de que regresemos a la vida “normal” en la sociedad.
Mientras tanto, les animo a que se consuelen sabiendo que los sacerdotes siguen celebrando la misa en nombre de la Iglesia y por sus intenciones todos los días. Me alegra saber que, gracias a la tecnología, muchos de ustedes, aunque no estén físicamente presentes, se han unido al sacrificio eucarístico que se ofrece y han hecho una comunión espiritual. Tengo la esperanza de que sigamos encontrando formas nuevas y creativas de vivir nuestra fe, al tiempo que ponemos de nuestra parte para frenar la pandemia, siempre teniendo en cuenta los mejores consejos de los expertos en salud pública.
Ahora que la Octava de Pascua llega a su fin, pidamos juntos la intercesión de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Tengan la seguridad de que rezo por ustedes y sus familias.
Sinceramente en Cristo,
Reverendísimo Bernard A. Hebda
Arzobispo de San Pablo y Minneapolis
Descargar la carta en español.
VÉASE TAMBIÉN: Nota del arzobispo Hebda sobre la Semana Santa (también aborda la distribución de la Eucaristía, el Bautismo, la Confirmación, el RICA, la Misa Crismal, la Adoración y la Confesión)