Del arzobispo Hebda:
Unida en oración con el papa Francisco y con los pastores y fieles de la Iglesia universal, la Arquidiócesis de Saint Paul y Minneapolis lamenta el fallecimiento del papa emérito Benedicto XVI, fiel servidor de Cristo y de su Iglesia.
Estaba en la Plaza de San Pedro la tarde en que el cardenal Joseph Ratzinger fue elegido sucesor de San Pedro, y recuerdo su sorpresa al ver que los cardenales reunidos en cónclave habían decidido elegir a un “humilde trabajador en la viña del Señor”. Ya había experimentado personalmente su excepcional amabilidad y admiraba desde hacía tiempo su intelecto de talla mundial, pero mi amor y respeto por él crecieron a medida que el mundo lo fue conociendo como un pastor humilde y desinteresado, con un don único para proclamar la verdad con amor. Fue solo mi confianza en su discernimiento lo que me llevó a decir “sí” cuando él me nombró en 2009 para servir como obispo diocesano. Siempre estaré agradecido por su magnanimidad y su ejemplo.
Les invito a unirse a mí en la oración para que el Señor acoja ahora con misericordia al Papa emérito en la mesa del banquete celestial. Este miércoles por la tarde, a las 5:30 p. m., se celebrará una misa en la Catedral de San Pablo por el descanso eterno de su alma y en acción de gracias por su ministerio petrino. Todos están invitados a acompañarnos en esta ocasión.
Del obispo auxiliar Joseph A. Williams:
Me entristeció saber del fallecimiento de nuestro Santo Padre, Benedicto XVI, pero me regocijo por el regalo que su vida supuso para la Iglesia. Pocas cosas en este mundo me han proporcionado mayor alegría que meditar sobre sus escritos. Sin duda, experimentaba la alegría de haber encontrado la verdad cristiana expresada de manera tan clara y hermosa en nuestro mundo moderno, y sé que compartí esta alegría con innumerables creyentes en todo el mundo. Juntos tenemos una deuda de gratitud con Jesús por habernos regalado a este fiel “colaborador en la verdad”. Que ahora descanse de todas sus labores en la casa del Padre.