A medida que nuestra Archidiócesis ha ido recorriendo este Año 2 de aplicación de mi carta pastoral, Seréis mis testigos, y a medida que la Iglesia en los Estados Unidos continúa con su renacimiento eucarístico, beneficiándose todavía de las gracias del Congreso Eucarístico de este verano en Indianápolis, nos hemos centrado acertadamente en la Eucaristía como fuente y cumbre de toda vida cristiana. El modo en que celebramos la Misa y participamos en ella es de suma importancia. I